lunes, 11 de abril de 2022

A cien kilómetros por hora con mi perro


 

Trevor había aceptado sacar a su perro todos los días de semana santa por 5.000 pesetas: el problema era el perro, que era capaz de pasar de 0 km por hora a 100. A Trevor se le había ocurrido la idea de atar el perro a sus patines y así pasearlo, porque paseándolo normal el perro era muy potente e incontrolable. Todo iba de maravilla hasta que llegaron al mercado, que tenían que reducir la velocidad; pero Trevor se dio cuenta de que ni él tenía frenos ni el perro tampoco, así que iban tirando gente y Trevor abrió los brazos para equilibrarse y enganchó un bolso de una señora. Todos lo perseguían y acabó en comisaría. Así que decidió pedir ayuda a su mejor amiga, Tina, que también tenía una perra, la cual era amiga de Rayo, su perro.

Entonces a Tina se le ocurrió la idea de adiestrar a Rayo con galletas. Rayo se las comió todas y no consiguieron nada, así que ya le quedaba menos dinero de lo que le prometió su madre. Entonces apareció el hijo del sargento Smugg, Charlie Smugg, que le hizo la bromita de siempre de que eran novios y apostó que no domesticaban a Rayo.

En uno de sus intentos de domesticar a Rayo apareció Charlie, que no vio a Tina y a Trevor y vertió huevas de rana en la bañera. En ese plan el móvil del padre de Trevor estaba en el collar de Rayo y acabó destrozado y Tina y él otra vez en comisaría y el móvil tenía seguro, pero hicieron una llamada de media hora y tenía que pagarla: menos dinero de esas 5.000 pesetas.

Al final Trevor comprende que adiestrar a Rayo valía una fortuna.

 

Ángel López (2022)

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