jueves, 19 de mayo de 2011

Postales de invierno



Es una historia realista que trata de los problemas de la vida diaria de Charles y de los que le rodean.
Él está enamorado de Laura, la mayoría de sus pensamientos giran en torno a ella, pero no es correspondido, ya que ella está casada; incluso, pasa por delante de la casa donde ella vive ahora para ver las luces de su casa e imagina qué estará haciendo en ese momento.
Su madre tiene problemas mentales y se pasa mucho tiempo en el hospital cuidada por su nuevo marido, que no le cae demasiado bien a Charles.
A esto se le suma que lleva una vida rutinaria con un trabajo que no le gusta.

También cuenta los problemas de su amigo Sam, que ha perdido su trabajo y a su perra, por lo que se muda a casa de Charles; y de su hermana Susan, que está estudiando en la universidad y que tiene un novio que a Charles le parece bastante raro.
En el final, se produce un giro inesperado que hace que Charles sea de nuevo feliz.

Me ha gustado la historia porque tiene un final feliz. También me gustan mucho los diálogos de los personajes, que muchas veces son cómicos, y la visión de la sociedad que muestra la autora, así como los datos que ofrece de canciones de esos años.


Ana Fernández Hernández (1º Bach B. 2011)

miércoles, 18 de mayo de 2011

La chica del lago



El libro comienza con dos historias paralelas. Por una parte está Sacha, un joven que cuando era niño vio morir a su madre de anorexia y, como él dice ahora, “ojala pudiera abrazarla de nuevo”. Además ha vuelto a aparecerle la leucemia que tuvo con doce años y que pensaba que se había extinguido por completo. Pero los médicos le comunican que es una enfermedad terminal y que su cuerpo se irá apagando poco a poco hasta finales de año. Luego está Jewel, una chica de dieciocho años que no tiene muy claro lo que hará en el futuro. Su hermano Ben murió ahogado en el lago por un accidente y ella se siente muy culpable de su muerte y piensa que ella debería estar en su lugar. Su padre las abandonó a ella y a su madre cuando Jewel tenía ocho años.
Los caminos de ambos jóvenes se cruzan cuando Sacha intenta suicidarse en el lago y Jewel lo salva de una muerte segura. A partir de entonces entablarán una gran amistad y junto con sus amigos Al y True descubrirán que “la muerte no es el fin de la vida, sino el comienzo de un mundo mejor”

Este libro me ha encantado. Te das cuenta de todo lo que sufren las personas con enfermedades terminales que saben que cualquier día puede ser el último, y que intentan disfrutar al máximo cada momento y luchan hasta el final. Desgraciadamente, el final de esta historia no podía ser feliz.

Laura García Cobarro (2º ESO A. 2011)

martes, 17 de mayo de 2011

Gaturro y la mansión del terror



Gaturro es un gato, y sus amigos se reúnen para decidir qué regalo y qué hacer en su cumpleaños, que es al día siguiente. Pero Gaturro estaba allí cerca escuchando lo que decían y, apareciendo de repente, los sorprendió a todos.

Como sus amigos no sabían lo que regalarle ni qué hacer, decidieron preguntarle; y les dijo que quería ir de picnic.

Cuando estaba todo listo salieron de casa y se subieron a un camión. Lo malo es que la rueda pinchó y la de repuesto estaba detrás con un compañero. Antes de irse un amigo tartamudo quería decirles que iba a llover, pero no tuvo momento y se llevó unos impermeables para refugiarse de la lluvia. La rueda estaba en la parte de atrás debajo de un amigo de Gaturro, llamado Gaturlongo. El camionero escuchó el estornudo de Ágata y los vio. Los gatitos tuvieron que irse corriendo bajo la lluvia y delante de la escopeta del camionero.

Lograron ponerse a salvo en una mansión, cuya dueña era Madam Gatterflay. Ella tenía dos gatos que se escaparon y, como no veía bien, pensó que eran Gaturro y Ágata. Pensó también que el resto de gatos eran amigos suyos y que Gaturrín era hijo de los dos (y lo llamó Luis Albertito).

Luego subieron por unas escaleras de caracol que se caían a trozos y cuando llegan a su habitación se desilusionan y se ponen a pensar si estará bien Canturro, ya que se quedó fuera porque Madam Gatterflay no lo dejó entrar por ser un perro.


Si queréis reiros un rato y llorar de emoción o lástima, pero sólo un poco, os recomiendo este libro. Para quienes les gusten las comedias es un libro perfecto. Su letra es fácil de leer y tiene un buen tamaño. Lo que más me ha gustado es la parte en que aparece el fantasma de la cocinera y todos se asustan hasta que después se va. Suponiendo que la historia fuera verdad habría un fallo, porque los fantasmas no pueden entender lo que dicen los gatos. Pero en este libro lo entiende, como si yo te lo estuviera diciendo cara a cara.


Lidia Romero Alcolea (1º ESO B. 2011)

lunes, 16 de mayo de 2011

Fahrenheit 451




Montag es un bombero que tiene una misión: quemar libros. En la sociedad en la que él vive los bomberos tienen ese trabajo debido a que el gobierno de Estados Unidos piensa que los libros hacen a las personas infelices, que hacen a los hombres distintos... y el gobierno quiere que todos los hombres sean iguales para poder manipularlos.


Montag conoce a Clarisse, una chica marginada por la sociedad por pensar. Tras conocerse Montag comienza a sentir curiosidad, pero ocurren más cosas. En una de las misiones de Montag, que tenía que quemar los libros de una anciana, ésta se pega fuego con ellos, porque piensa que es mejor morir con cultura. Montag consigue reunir a más gente del mundo de la literatura, con el fin de poder conseguir más libros. La mujer de Montag se entera y pone una denuncia. Entonces las autoridades del país van a buscarlos, a él y a los demás, pero consigue huir al bosque donde se encuentra una asociación de personas llamadas "hombres-libro", que tienen como misión memorizarlos y contarlos a la gente, para algún día poder imprimirlos.


Este libro me ha impactado. Cómo la sociedad creada en el libro puede llegar a ser tan ignorante, hasta el punto de prohibir la lectura; pero siempre hay personas cultas e inteligentes.


Este libro, para ser de ciencia ficción, es magnífico.



Cristina Molina Ruiz (2º ESO B. 2011)

domingo, 15 de mayo de 2011

El espíritu de los hielos



El libro cuenta la historia de tres personas y de un espíritu que se encuentran una noche y de repente se ven inmersos en una aventura que comienza en el polo norte y termina en pleno corazón de la selva amazónica.
Anarfiq es un esquimal de la ciudad de Nuuk que sobrevive de lo que roba en el puerto. Otilia es una joven estudiante de periodismo que llega a Nuuk de excursión con sus compañeros. D.J es un hombre que tuvo problemas con la justicia y que ahora se dedica a viajar con su mercante por el océano. Youq es el espíritu de los hielos, una criatura mitológica, que nadie sabe que existe.
Una noche Otilia, Anarfiq y el Youq se adueñan del mercante de D.J y a la mañana siguiente deciden emprender un viaje. Cerca de ellos, en otro barco se encuentra el doctor Peddckoe, que está investigando acerca de seres mitológicos. Para evitar que cacen al Youq, el mercante de D.J comienza una aventura que los llevará hasta el Amazonas. Una vez en la selva comienzan las mejores aventuras: un intento de intercambio del Youq, los largos caminos entre los árboles, la búsqueda de la tribu jíbara (la tribu más sangrienta del Amazonas), la caza del arutam y la lucha entre los jíbaros y sus arutams contra el doctor Peddckoe.
Es una historia fantástica que sabe muy bien cómo entremezclar la fantasía con el amor y las aventuras. Se lo recomiendo a todos para que lo lean este verano.


Mª Consuelo Rodríguez Palazón (1º Bach B. 2011)

sábado, 14 de mayo de 2011

El amante




¿Cómo no sentirse seducido por la prosa de Marguerite Duras tras la lectura de esta obra? Parece imposible. En efecto, Marguerite nos brinda un homenaje a los sentidos, al deseo, a la frustración fruto de la incomprensión, como pocos autores han sido capaces. Aunque sí he de admitir que tardé algunas páginas en acostumbrarme al estilo personal y entrecortado de la autora, aprender a comprenderlo, a apreciarlo, finalmente resultó ser un libro original, íntimo y repleto de minúsculos detalles cotidianos sobre los que sólo ella nos puede contar en la autobiografía camuflada que es esta tremenda obra. El amante no es una novela de amor a pesar de la evidencia del título. El protagonismo de los dos amantes en la obra es sólo aparente. El verdadero protagonismo reside en ella, en la propia autora, y en su visión del mundo, de su pasado, de sus recuerdos, de la historia de su vida. Considero especialmente importante su relación con la madre y la terrible figura del hermano mayor, acechante, un depredador nocturno que atormenta a sus hermanos con su violencia y su autoridad, como queriendo sustituir a un padre ausente desde hace años. En mi opinión, la autora prefiere centrarse mucho más en su familia que en su amante, pues aunque éste le sirve como instrumento para su emancipación y la constitución de una identidad separada de la de su familia, la extensión de los recuerdos que tienen relación con su familia es bastante mayor que la de los recuerdos del amante.
Formalmente, Duras supera todos los límites. Olvida la tradición novelística para crear una nueva manera de pensar la obra literaria, no como una realidad inventada en la que unos personajes se desenvuelven, sienten y actúan, sino como un constante flujo de pensamiento e ideas que deja que su pluma plasme en el papel, natural y espontáneamente, sin barreras, sin control. Inevitablemente, el resultado son reducidos párrafos de una intensidad devastadora que, aunque están desconectados unos de otros, todos comparten una misma sinceridad, una misma crudeza. Son como fragmentos de un hilo vital que, reunidos, recomponen esa vida. El estilo de Marguerite es torrencial, no nos oculta nada, incluso nos desvela emociones propias de nuestro instinto más animal, como el deseo que tiene en ocasiones de matar a su hermano o como cuando admite haber sentido odio hacia su madre, que en ocasiones le parece una extraña de la que no sabe nada en realidad.
Esta obra nació de la observación de unas viejas fotografías gracias a las que Duras se vio de nuevo en Indochina, volvió a sentir la atmósfera húmeda y opresora de la colonia en la que nació y creció, para luego hacérnosla sentir a nosotros, lectores ajenos a ese mundo que tratamos de erigir en nuestras mentes. Mediante esas instantáneas, Duras volvió a ser la joven de quince años que deambulaba solitaria por un mundo desagradable lleno de contrariedades: una familia resquebrajándose, un racismo implícito en cada relación con los indígenas, la pobreza que los engullía, una madre que rozaba la locura, un hermano que abusaba de ella, un pensionado en el que sólo tenía a una amiga, el deseo de emancipación frustrado, el despertar sexual temprano pero ya latente desde tiempo atrás, en definitiva, una infancia extraña y desgraciada en una Indochina a punto de entrar en guerra. Y todas estas circunstancias invaden a la autora de nuevo, cuando ya es una reputada escritora instalada en París, cuando ya es una anciana que ha experimentado, ha madurado, crecido, vivido sin más, y siente la necesidad de escribirlas para sanear su memoria, para comprenderse a sí misma, para acabar con los fantasmas del pasado y, por qué no, para hacer justicia a la memoria de aquel hombre al que amó sin jamás desvelárselo directamente y al que se vio obligada a abandonar.
Es una novela que sorprende por su sensibilidad, por la tremenda capacidad de la autora para expresar con las palabras justas sensaciones difícilmente transmisibles. Mientras que leemos, cada breve apartado es una emoción distinta que queda en nosotros para mezclarse con la siguiente, y ésta con la siguiente, y así sucesivamente hasta acabar destrozados, exhaustos, pero ávidos de más, siempre más. Al acabar, parece como si nosotros mismos hubiéramos sido los amantes, hubiéramos vivido esa intensa historia de amor y sexo, hubiéramos odiado a la madre y al hermano mayor, hubiéramos deseado tocar con dulzura a Hélène Lagonelle.
Aprecié mucho también la forma en la que Duras consigue hacer que nos imaginemos a la perfección la atmósfera, los paisajes y las gentes de la Indochina francesa. En apenas tres o cuatro líneas describe la habitación del amante, las calles ajetreadas del barrio chino de la ciudad, los paisajes tropicales de la colonia, su casa, el puerto, los barcos, los habitantes indígenas, los colonos blancos. En seguida uno es capaz de recrear todo un espacio e incluso capaz de sentirlo, olerlo, escucharlo.
En cuanto a la historia de amor con el amante, núcleo de la línea argumental de la novela, es una historia difícil que habría que analizar minuciosamente. La protagonista, ya antes de conocer al joven chino, es consciente de su atractivo y desea poder ejercerlo sobre algún hombre. Cuando lo encuentra, lo acepta como opción, pero realmente el chino no le llama la atención, no se fija en él especialmente. Es uno más, una de las posibles vías de escape, uno de los posibles medios para la emancipación. Y funciona a la perfección, a pesar de ser de otra raza, de otra clase social, de otra edad, funciona, y la niña se hace mujer, aprende, descubre, investiga, indaga en lo más profundo del amor. Las escenas sexuales descritas por Duras con una delicadeza extrema, a base de metáforas y lenguaje figurado, nos arrastran hacia los dominios del placer, del deseo, de la liberación. La niña conoce su cuerpo y a la vez el cuerpo del amante, lo admira, se deja llevar y guiar por él en el camino de la vida adulta que está iniciando. El erotismo deliberado de la autora destaca por ser un homenaje a los sentidos, a la búsqueda poderosa y eterna de placer, de compenetración, de unión de ambos cuerpos.
Las imágenes son delicadas, armoniosas, representan la pureza del ser en toda su gloria. Poco a poco, sin quererlo, la niña se va primero encaprichando del amante, luego enamorando y finalmente, de camino a Francia, descubre que lo ama, que lo echará de menos, que está destrozada por su partida. Es su primer amor, al igual que para él, y la marcará de por vida. Para él será el primer y el último amor, pues incluso años más tarde sigue prometiéndole amor eterno. La expresión de Duras es coloquial, sencilla, al alcance de todos, y sin embargo tiene una fuerza avasalladora que rompe con todo a su paso como un mar desbocado. Es una prosa transparente, sincera, sin tapujos ni tabúes. La autora nos enseña a amar a su manera, a comprender el mundo a su manera, a odiar si es necesario, también a su peculiar manera. Toda la novela está impregnada de una estética, de un estilo, de una originalidad aplastante que no deja ninguna duda: Duras ha superado sus miedos, su pasado, sus penurias, para regalarnos esta diminuta joya de la literatura universal.

Gala Hernández López (2º Bach E. 2011)

viernes, 13 de mayo de 2011

Eldest



Eragon va a Ellesméra, cn Arya y Orik. Allí, Eragon se propone continuar consu entrenamiento como Jinete. Para su sorpresa, se encuentra con el sabio doliente, Oromis, y su dragón Glaedr, los últimos de los Jinetes que quedan viven, los cuales se convierten en los siguientes maestros de Eragon y Saphira.

Eragon tiene muchas dificultades en su entrenamiento, ya que la herida que le produjo Durza le comienza a doler cada vez que realiza esfuerzos muy grandes. Esta enfermedad hace que Eragon pierda las esperanzas.

Sin embargo, durante la ceremonia élfica, Eragon recibe un regalo de los dragones y se transforma en un elfo, adquiriendo sus poderes y agilidad. Roran se convierte en el líder de Carvahall, y lleva a su pueblo a Surda, la actual base de los Vardenos.

Más tarde se desata una gran batalla entre el ejército de Galbatorix y los Vardenos. Murtagh aparece controlado por Galbatorix mediante un hechizo de lealtad. Eragon y Murtagh se enfrentan; pero Murtagh se lleva a Zar'Roc, la espada de Morzan, y le hace una terrible revelación a Eragon. Roran, que participa en la batalla y mata a los traidores Gemelos, se encuentra con su primo Eragon, al cual pide ayuda para rescatar a Katrina.


Me ha gustado mucho este libro, porque es fantástico y presenta a todo tipo de criaturas.


Yoel López López (2º ESO A. 2011)