domingo, 11 de mayo de 2014

Los años de peregrinación del chico sin color



Tsukuru Tazaki se había preguntado toda su vida por qué no tenía un color oculto en su apellido, igual que todo el mundo. Además, se consideraba una persona aburrida, sin nada que aportar y sin ningún papel dentro del grupo de amigos del instituto que formaba junto a Aka, Ao, Shiro y Kuro. Sin embargo, era esto último, el hecho de pertenecer a este grupo, lo que daba sentido a su vida. Los cinco amigos eran inseparables, muy diferentes entre sí, pero se complementaban formando un todo perfecto y armonioso.
Cuando el instituto acaba, todos los componentes del grupo, excepto Tsukuru, continúan viviendo en la ciudad de Nagoya, estudiando en diferentes universidades.  Nuestro protagonista, sin embargo, se desplaza a vivir a Tokio para estudiar lo que verdaderamente le gusta: las estaciones de tren. Esto no hace que los amigos se distancien en absoluto, ya que Tsukuru viaja con frecuencia a Nagoya para visitarlos e intercambian vivencias. Un día, Tsukuru recibe de manera repentina una llamada de su amigo Ao diciéndole, sin ningún motivo aparente, que ni él ni los otros tres componentes del grupo quieren volver a verlo ni saber nada de él. Este hecho destroza por completo a Tsukuru, que pasa varios meses encerrado en su apartamento de Tokio, sin apenas comer y llegando a pensar incluso en la idea del suicidio.
Finalmente, logra salir de esta desagradable situación cuando conoce a Haida, un joven con el que va frecuentemente a nadar y que comparte con Tsukuru su enorme afición por la música, sobre todo por Los años de peregrinación de Liszt, una maravillosa composición de varias obras para piano que Tsukuru escucha repetidamente analizando minuciosamente el significado de cada nota, y que inevitablemente le  hace pensar en su antigua amiga Shiro, excelente pianista que interpretaba de una manera impecable Le mal du pays, una de esas obras, que expresa la tristeza que la contemplación de un paisaje bucólico crea en el alma. Desgraciadamente, Haida acabará abandonando a Tsukuru, como aquellos que fueron sus mejores amigos, dejándole el disco de música de Liszt como recuerdo  de su amistad.
Afortunadamente, dieciséis años después conoce a Sara, una mujer de la que se enamora perdidamente, y que propone al protagonista investigar el paradero actual de sus cuatro amigos, así como el porqué de su tajante decisión.  Esto hará que Tsukuru descubra de una vez por todas, la verdad, así como una muerte desgarradora, amores ocultos de adolescentes, falsas acusaciones…. Todo ello ligado al recuerdo y a las notas de un piano.

La verdad es que este libro me ha encantado. Me ha fascinado la manera tan impresionante que tiene el autor para expresar los sentimientos y los distintos estados de ánimo por los que pasa el protagonista. Lo expresa de una manera que parece real, que casi puedes sentirlo. Además, me ha gustado el hecho de que introduzca algunas nociones de música clásica para compararlo, a modo de metáfora, con la añoranza, el recuerdo y la tristeza que se respira en la obra. Es verdaderamente un libro espectacular.

Laura García Cobarro (1º Bach A) (2014)

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