jueves, 2 de enero de 2014

Pabellón de reposo



En Pabellón de reposo, Camilo José Cela nos relata las desalentadoras vidas de unos personajes totalmente ficticios que padecen tuberculosis y se encuentran en un sanatorio. Los diferentes enfermos cuentan su historia en primera persona, unos a través de carta a familiares o amigos, otros en forma de diario… Su vida es muy monótona en aquel sitio, lo que los diferencia a unos de otros es su optimismo o pesimismo a la hora de enfrentar su situación. Al entrar allí, todos se convierten en un número y, en cierta parte, es como si perdiesen un trocito de su identidad. Tienen grabado su número en las sábanas, en la ropa, en los calcetines… E incluso, a algunos, como a la señorita del 40, les afecta de tal manera que se convierte en una obsesión. La mayoría se sienten solos y sueñan con la vida que llevaban antes a la vez que aprenden a valorarla mucho más. Surgen también historias de amor entre algunos de los pacientes que, desde mi punto de vista, lejos de ser verdaderas, solo buscan encontrar alguna ilusión en la que apoyarse entre tanta muerte y tristeza. Una de esas historias la protagonizan el marinero, conocido por todos los que allí habitan como “número 73”, y la mujer “103”. Él le pide matrimonio a través de una carta, pero como no es de extrañar en aquellos sitios, antes de recibir la respuesta, muere. Ésta no será ni la primera ni la última historia de enamorados en este libro. Tampoco la única muerte.  El libro se divide en dos partes, que a la vez están separadas por capítulos y un intermedio entre ambas partes. Además, el autor añade dos notas. La primera trata de la petición de un médico para que deje de escribir Pabellón de reposo, ya que cree que afecta enormemente a los enfermos de tuberculosis; y la segunda es otra petición, esta vez de un amigo de Camilo José Cela, quien le dice que está enfermo también y no le gusta la idea de que continúe escribiendo el libro. El autor no consideró necesario parar de escribir porque sus personajes eran totalmente ficticios y no creía estar haciendo ningún mal a nadie.
Es un libro que ofrece dos visiones opuestas. Nos podemos encontrar con las personas que luchan e intentan sacar fuerzas de donde sea, que sonríen, buscan el amor, la amistad o que se maquillan intentando parecerse a lo que eran antes. Otros sin embargo, se rinden y ven pasar los días desde su cama sin esforzarse por aprovechar lo que les queda.

Un libro esperanzador y amargo a la vez.

Patricia Díaz Clemente (2º Bach D) (2014)

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