viernes, 30 de noviembre de 2012

Likundú




Albert Huigens, un joven belga, se está despidiendo de Astrid, una amiga muy especial para él. Cuando ambos esperan en el aeropuerto la última llamada para embarcar, esta le regala una especie de talismán de malaquita con forma de cocodrilo. Astrid le explica que fue su padre quien primero se lo regaló a ella y que esa figura formaba una sola pieza junto con otra idéntica. También le cuenta que tienen un significado especial y que proceden del Congo. Minutos más tarde Astrid toma un vuelo hacia África y Albert vuelve a casa. Esa misma noche la figura del cocodrilo empieza a desprender calor y a girarse indicando siempre un mismo punto, como si fuese una brújula. Absorto y sorprendido, Albert cree que lo sucedido tan solo es una alucinación producto del cansancio.
A la mañana siguiente, el joven se dirige a la casa de Bertrand, un amigo que conoce a la perfección África y todo lo relacionado con los ritos y sus costumbres. Allí su amigo le cuenta que nunca había visto nada igual, pero que un poderoso brujo albino vive cerca y quizás puede aclararle algo. Sin pensarlo dos veces Albert visita a Libunga, y este le pide que le muestre el objeto, pero cuando el chico va a sacarlo se percata de que está muy caliente, y teme que algo esté sucediendo. Libunga entra en una especie de trance y cuando vuelve en sí le advierte de que si no le entrega ambas mitades, Astrid corre peligro. Albert no le cree y vuelve de nuevo a casa. Esa noche recibe una llamada: el vuelo donde iba su amiga ha tenido un accidente y nadie sabe el paradero del avión y de los pasajeros. Desde ese momento empieza la verdadera aventura de Albert, que hará lo imposible por encontrar sana y salva a Astrid. Pero para ello tendrá que sortear diversos obstáculos y enfrentarse a la cruda realidad africana, donde el tiempo pasa sin que él pueda evitarlo y donde la guerra es la principal preocupación de los ciudadanos. Sin embargo, durante la travesía también es ayudado por personas que comprenden su situación y que son el fiel reflejo de que en todas partes hay gente dispuesta a ayudar a cambio de nada. Al final del libro, el personaje recuerda a estas personas y se dispone a recompensarlas por todo.

Quizás hubiese preferido que surgiese alguna historia secundaria a la principal, porque el libro se centra tan solo en lo que le ocurre a Albert, y esto en ocasiones puede ser un poco repetitivo. De todas formas me ha gustado la forma de introducir los ritos mágicos y los brujos como parte indispensable de la obra. Desde mi punto de vista el final es de lo mejor del libro.

Claudia García Cobarro (4º ESO A. 2012)

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