jueves, 21 de junio de 2012

¡Pero qué chicas tan malas!




Cuenta la historia de dos chicas que tienen las mismas iniciales: ME (Margalo Epps y Mikey Elsinger) y empiezan un nuevo curso en otra escuela. Rápidamente se hicieron amigas, aunque dudaban: tenían muchas cosas en común, una de ellas sus iniciales. Mikey se peleaba con un chico de la clase hasta el punto de pegarse, y un día él le cortó su larga trenza. Entre Mikey y Margalo hicieron que expulsaran al chico y lo enviaran a otra clase. Margalo no paraba de iniciar rumores, e inició uno con el que se podía meter en un buen lío, porque decía que su profesora la señorita Chemsky era una bruja y que no tenía marido aunque llevara anillo de compromiso. Margalo y Mikey hicieron que Louis, el chico que había sido expulsado, volviera a clase.
Cuando se acercaban las elecciones de delegado, subdelegado, tesorero y secretario, Margalo y Mikey se pelean al terminar porque aunque no debían mirar, Mikey miró y vio que su amiga no votó para que ella fuera la delegada de la clase. Rhonda, una compañera de la clase, hizo algo que posteriormente molestó a Margalo: dijo que quien votara a Mikey sería por pena, e hizo que la clase se replanteara a quién votar. Y por eso Nikey perdió las elecciones.
Por lo que Rhonda Margalo le estuvo poniendo marranerías en el almuerzo de Rhonda y sin que Mikey lo supiera, ni ninguno de la clase. Pero antes de que Margalo fuera descubierta por ella misma, Mikey se dio cuenta y no la detuvo. Cuando Margalo se delata es llevada al despacho del director y Mikey dice que ella es cómplice porque lo sabía y no la detuvo. Entonces el director las castigó. Mikey tenía que limpiar las mesas y sillas mientras que Margalo tenía que escribir una frase en la pizarra. Mikey se aprovechó e hizo una jugarreta a algunos compañeros de clase y ese día fueron a recogerlas sus madres.
Este libro como muchos otros para mí ha estado entretenido y te hace pasar un buen rato.

Lidia Romero Alcolea (2º ESO B. 2012)

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