sábado, 17 de marzo de 2012

La cueva de las profecías



Es un libro de misterio.

Un niño, llamado Joaquín, tiene 11 años. Sus padres deciden que quieren tener otro hijo. A Joaquín esta idea no le gusta. Su madre tiene problemas para quedarse embarazada y tiene que ir a una clínica en la que le atenderá el doctor Rubio. Mientras que su madre está en la clínica a Joaquín lo llevan al campo a la casa de su tía Paloma, a su pesar.

Madrugaba por las mañanas para subir a la montaña. Allí vio una cueva en la que entró, se durmió y tuvo un sueño. Soñó que su tía se hizo una herida en el dedo cortando jamón. Se despertó y cuando llegó a la casa el sueño se había cumplido.

Otro día, sube a la cueva con una linterna, se duerme y vuelve a tener otro sueño. Soñó que se caía la caja de las cerillas en la olla del cocido. Cuando llega a la casa de su tía comprobó que la caja de las cerillas estaba efectivamente en la olla del cocido. El segundo sueño también se había cumplido.

Una tercera vez subió a la cueva, esta vez con una cuerda para explorar, y soñó que sus padres, conduciendo por una carretera con un coche que no era suyo, cayó un rayo en un árbol, lo que hizo que éste se partiera y cayese en medio de la carretera. Sus padres se desviaron y cayeron por un barranco, incendiándose el coche.

Bajó de la cueva y su tía lo vio muy preocupado. Le contó entonces sus sueños. Ella llamó por teléfono a sus padres para decirles que no vinieran a recogerlo: que ella lo llevaría de vuelta a casa.

La tía Paloma le cvontó un sueño que tuvo, hace veinticinco años, en el que se casaba con Enrique y tenía un hijo. Pero no conoció a su marido en la universidad, porque una hepatitis la tuvo en cama dos años.

Juntos subieron a la cueva y ésta se había hundido. Joaquín le aseguraba, aunque un pastor decía que estaba veinticinco años tapada, que hacía unas horas había visto allí la cueva. Esto era para que los sueños no se cumplieran.

Ahora, la tía Paloma vive en la ciudad con ellos y Joaquín quiere mucho a la familia, incluyendo a su hermano y tía.

Este libro ma ha encantado. Al leerlo se me ha hecho muy ameno. Tiene un vocabulario fácil y comprensible, lo que me hizo que no tuviera dificultad para entenderlo. Muestra que no tenemos que juzgar a alguien antes de conocerlo profundamente. Como se dice: "No hay que juzgar un libro por su portada".


Ana Victoria Martínez Villa (2º ESO B. 2012)

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