lunes, 14 de noviembre de 2011

Juliette y los cien mil fantasmas




Esta historia es transmitida a los lectores de una forma muy curiosa. Nada más ni nada menos que mediante el diario de una joven de Tissandier. Esta chica, “arruinada” por la ocurrencia de su padre ya fallecido, intentaba que nadie ponga el grito en el cielo con su complicado nombre. Por ello se hizo llamar Juliette, como lo deseaba su madre. Tras la muerte de su querido padre, la familia no estaba en su mejor situación económica. Esta situación hizo que la joven Juliette viajara a la gran ciudad de París para trabajar en una mansión conocida por La casa de los cien mil fantasmas. Sin conocer el futuro que le esperaba, llegó a la mansión que carecía de una vista agradable. El primer día, Juliette ya empezó a sentir extraño el comportamiento de la servidumbre. Sin embargo, se limitó a realizar sus tareas y cumplir con las normas de la mansión. Pero tras descubrir que el dueño de la mansión se cubría la cara con una máscara por culpa de un trágico accidente y los efectos paranormales que albergaban en la mansión, todo empezó a cambiar. Una noche, Juliette descubrió en su habitación la presencia de un fantasma, Mathias, quien fue el causante de sus siguientes acciones. En una noche de valor y enfrentamientos con unos fantasmas, quienes en el pasado habían sido los niños calcinados, pudo desvelar el secreto y la farsa que producían su siniestro amo, el mago Galissard y su mansión. Gracias a su atrevimiento, el mago le propuso unas comodidades para su familia, un trabajo más estable del que tenía y, sobre todo, un amplio conocimiento para acceder a la universidad.
Para todos los lectores que consideran que el miedo es el antídoto para la curiosidad. Tanto para los que les emociona una historia de adrenalina con cien mil fantasmas, como para los que les interesa leer unos experimentos, les invito que abran las páginas de este diario.



Katrina Gómez (1º Bach B. 2011)

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