jueves, 16 de diciembre de 2010

El niño con el pijama de rayas


Bruno es un niño de 9 años que vive en Berlín con sus padres, su hermana y la criada, María. Un día vio a la criada recogiendo todas sus cosas: se mudaban. Nadie le había dicho nada antes y Bruno se puso muy triste ya que eso conllevaría no ver a sus tres mejores amigos nunca más, ni bajar por la barandilla, ni ver a los abuelos... Su padre tenía que hacer un trabajo muy importante y ese era el motivo de la mudanza: vivirían en Auschwitz.
Cuando Bruno vio su nueva casa por primera vez se quedó asombrado. Era mucho más pequeña que su casa anterior, era muy triste y muy fría. Estaba claro que no le gustaba, pero tenía que hacerse a la idea. Pasaban los días y Bruno se aburría; no sabía que hacer. Un día se construyó un columpio. Pidió al oficial Kotler que le consiguiera un neumático y lo construyó, pero cuando estaba jugando Bruno se cayó y la única persona que estaba cerca para ayudarle era un criado que les hacía la comida. Entabló una conversación con el niño, él había sido médico antes de llegar ahí. Más tarde llegó la madre de Bruno y ésta le dio las gracias al criado, pero dirían al comandante que ella le había curado.
El niño no sabía qué hacer para no aburrirse y una tarde anduvo y anduvo por aquella alambrada que veía desde la ventana de su cuarto: quería saber hasta dónde llegaba. A lo lejos vio una sombra y a medida que se acercaba se hacía más grande. Cuando llegó al punto vio al otro lado de la alambrada a un niño.
Bruno y el niño empezaron a hablar. Se llamaba Samuel. Se hicieron amigos y Bruno cada tarde iba hasta allí. Nunca dijo nada de la existencia de Samuel: no quería perder a la única persona con la que podía entretenerse en ese lugar debido a que con su hermana Gretel no se lo pasaba bien.
Durante todo el tiempo que Bruno pasó en Auschwitz lo único que hacían los dos niños era hablar sobre las diferentes vidas que llevaban. Samuel tenía el pelo rapado y vestía siempre con un pijama de rayas, y no es que se lo pasara muy bien allí dentro. Bruno sin embargo no se daba cuenta de muchas cosas, como de que su amigo no lo pasaba realmente bien ahí dentro y sólo se preocupaba por él mismo.
Después de un año, la madre de Bruno decidió que ya era hora de volver a Berlín, a su nueva casa. Regresarían todos menos el comandante.
Cuando le dieron la noticia a Bruno se puso un poco triste. A la tarde siguiente llovía mucho y el niño temía no poder despedirse de Samuel pero por fin la lluvia paró e hizo el mismo camino que siempre hasta allí. El día anterior Samuel no encontraba a su padre y pidió ayuda a Bruno. A Bruno le encantaba jugar a los exploradores cuando estaba en Berlín y como nunca habían jugado juntos le prometió ayudar a encontrar a su padre, así que Samuel le cogió un pijama de rayas como el que él llevaba puesto y por el hueco que había debajo de la alambrada Bruno se metió al mundo de Samuel. Se adentraron hacia el interior del campo y un grupo de hombres con armas fueron donde ellos. Bruno se asustó pensado que iban a pillarle allí dentro pero su amigo le dijo que pronto pasaría. Les llevaron hasta una habitación, estaban todos muy juntos y pegados, la gente estaba como asustada y Bruno no entendía nada. Los iban a matar.
Bruno nunca regresó a casa. Al día siguiente todos lo buscaban sin parar. Encontraron la ropa de Bruno y observando el lugar se percataron del hueco que había debajo de la alambrada. Al padre le fallaron las piernas y acabó sentado en el suelo. Acababa de comprender que su hijo había muerto junto con los judíos.


María del Pilar Martínez Ruiz (1º Bach F. 2010)

5 comentarios:

  1. Está regular. Has contado el final.

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  2. Pues oye a mí sí que me ha gustado. Se te pone el corazón en la garganta con este resumen

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  3. Este libro está genial

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  4. Este libro me encantó, al principio, me costó muchísimo empezar a leérmelo, pues digamos, que leer no es mi gran aficcion, pero cuando lo empece, no tenia ganas de que acabara, me encantaba.La verdad, es que esta bastante bien y lo recomiendo por mucho que no te guste leer.

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  5. Sobra el final, aunque está bien la reseña. Para mi, lo mejor del libro, es la manera en que el personaje principal, Bruno nos relata la historia, desde el punto de vista de un niño de tan solo nueve años, que no se entera de lo que sucede a su alrededor todo es muy distinto, ya que el campo de concentración le recuerda a una granja. Se lee rápidamente, y el vocabulario no es para nada complicado.

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